jueves, octubre 28, 2004

El sitio de mi recreo

Me alcanzó la flojera, así que hoy no escribo. Solo cito.

Dónde nos llevó la imaginación,
donde con los ojos cerrados se divisan infinitos campos.
Donde se creó la primera luz junto a la semilla del cielo azul,
volveré a ese lugar donde nací.
De sol, espiga y deseo son sus manos en mi pelo,
de nieve, huracán y abismos el sitio de mi recreo.
Viento que en su murmullo parece hablar,
mueve el mundo y con gracia lo ves bailar
y con él el escenario de mi hogar.
Mar, bandeja de plata, mar infernal, es un temperamento natural,
poco o nada cuesta ser uno más.
De sol, espiga y deseo son sus manos en mi pelo,
de nieve, huracán y abismos el sitio de mi recreo.
Silencio, brisa y cordura dan aliento a mi locura,
hay nieve, hay deseo, hay fuego, allí donde me recreo.

(Antonio Vega)

Una canción muy buena que escuché ayer después de largo tiempo. Lo mejor del rock de España viene firmado por este hombre (supongo que les sonará Nacha Pop) y, en primerísimo lugar, por Los Secretos. Grupos españoles que también valen la pena: Gabinete Caligari y Radio Futura.

De nada.



sábado, octubre 23, 2004

Todo Javier Prado

La combi va repleta pero debo abordarla. Mi comodísimo carro con aire acondicionado, en el taller para su mantenimiento anual. ¿Taxi? Ni hablar. Por esas jugarretas del destino (nunca tan puto) mi tarjeta, traicionera la degenerada, atracada en el cajero del Wiese del óvalo Higuereta. Y un servidor, con cuatro lucas en el bolsillo.

Ahí estoy, paradito en una esquina de Benavides, viendo cómo avanza con el cobrador medio cuerpo afuera gritando y moviendo tronco y cabeza. Y si no me falla la vista, vota espuma por la boca. "Hay asiento adelante", vocifera, al tiempo que abre la puerta. Subo. A mi lado, retorcido en un siento pequeñito que apenas le da opción para estirar las piernas, un señor con terno negro comprado en Adam's y maletín a lo señor Barriga lee en "Ajá" una entrevista a Shirley Cherres. Y en la página del frente Susy Díaz anuncia su reconciliación con el Mero Loco (¿cuándo se pelearon?) y el debut en el teatro de Florcita Polo, con lipusucción incluida.

En la radio, el DJ de "Moda" pone las pilas. Tum, tum, tum, tum, tum, perra mami perrea, tum, tum, se me calienta la chichi, tum, tum, que le dan por atrás, tum, tum, dame tu cosita, tum, tum, te compro a tu novia y tum, tum. Sobre el tablero del conductor, cinco perritos de yeso, de esos que mueven la cabeza de un lado a otro, ensayan coreografías. Colgado del espejo retrovisor, un CD azul le añade un toque galáctico al asunto. Y sobre mi cabeza, un letrerito con la figura de Condorito me invita a colaborar pagando con sencillo.

"A ver, pasajessssss", sesea el cobrador, mientras hace tintinear las monedas en mi cara. Pago con un sol y no me da boleto. Faltan apenas tres cuadras. Un viaje corto en realidad, pero en cinco minutos mi memoria selectiva ha recuperado episodios similares. Bajo y cierro la puerta, cuidadosamente, sin hacer ruido. ¿Por qué ? La ocasión merecía un portazo. La combi se va. En su tapabarro se lee "sufres al verme pasar". No recuerdo frase tan certera.

jueves, octubre 21, 2004

¿Se habrá leído el tal JsK?

Soy nuevo en el mundo de los blogs (blogosfera dirían los fanáticos, orgullosos de su neologismo) y me he topado con buenos y malos textos (obvio las referencias a fin de no promover polémicas innecesarias).

Las mías son calificaciones arbitrarias y por tal razón evito hacerlas públicas pues me parece injusto que alguien se arrogue la calidad de “crítico” y desdeñe trabajos ajenos con la frialdad de un cirujano en una mesa de operaciones.

Claro, la mía es una posición tan particular como insostenible. Insostenible porque los críticos – en todas las áreas – siempre han sido un mal necesario. Pero lo mínimo que se les debe (o debería) exigir es competencia en el tema que abordan.

No me interesa en lo absoluto la pelea entre JsK y la gente de Mundo Alterno. Por ahí no va la cosa. Dicho de otro modo, ambos pueden seguir matándose, si así lo desean, y que gane el mejor. Empero, llama la atención (en realidad, preocupa) que el monopolio de la “crítica - blogger” (hasta donde conozco) haya caído en manos de JsK, personaje divertido (no lo voy a negar) pero que demuestra una capacidad de análisis similar a de una ameba y la sutiliza propia de un mono con metralleta.

Porque hasta para la diatriba hay que tener encanto. Señoras y señores, insultar es un arte. Arte que desconocen el “zafio tahúr de reñidero, el barrista pintarrajeado y gritón del Estadio Nacional” (*) y, por cierto, el patán vociferante de cantina, que es quien convoca estas líneas.

Reconozco que JsK no solamente se ha limitado a lanzar caca con ventilador y que ha deslizado palabras de elogio (en la medida de su vocabulario) para algunos de sus colegas (los menos). Pero cada vez que leo frases tan mal construidas y con remates tan huachafos como “los problemas que el escritorcito (Santiago Balbuena) se ha ideado son muy infantiles, y hay que recomendarle que lea algunas tramas de adolescentes, en donde no todo se enfoca en lo rico que es el personaje ni en el número de levantes. Sino que hay algo más, introspección y dolor” me doy cuenta de que este tipo naufraga en sus propias limitaciones.

Y encima tiene el atrevimiento de calificar a un escrito como malo o bueno: “Y simple, el tal Santiago escribe extenso, un poco digerible si se tiene tiempo, pero igual no llama mucho la atención. Porque si se quiere leer a adolescentes de verdad, con problemas más notorios y resaltantes, y dudas existenciales originales podemos recurrir al Matías de Fuguet o si no está, igual se puede releer a un tal Sebastián…”. Sí cuñau. Me "encantan" tus lugares comunes y textos tuberculosos.

Si creen que lo mío es mala leche lean sus críticas con atención. Lo suyo no pasa de denuestos sin orden ni concierto, sin gracia y – lo más importante – sin inspiración. Una pena.

* Expresiones prestadas de Marco Aurelio Denegri.




Mi poeta favorito

Arthur Rimbaud nació en Charleville, Francia, en 1854. A los diez años, en un salón de clases, compuso su primer poema. De los diecisiete a los diecinueve, Le Bateau ivre, Voyelles y sus dos obras maestras, Les Illuminations y Une Saison en enfer. Es en ese momento, cuando su talento cretativo alcanzó la cúspide, que renunció a escribir, a la edad que otros recién empiezan. Pero ya era demasiado tarde. Los límites de la poesía habían cambiado, y para siempre.

Rimbaud buscó siempre su propia doctrina estética, depravándose y degradándose con el fin de acabar con todos los obstáculos cotidianos producto de la disciplina y la educación: [el poeta se hace vidente por medio de un largo, inmenso y razonado desarreglo de todos los sentidos].
Pero su incursión en una vida de vicio no le proporcionó ninguna satisfacción real. Implicó un descenso a los infiernos. Por otra parte, ese dolor era parte esencial de su doctrina: [el sufrimiento es tremendo, la más inefable tortura, y el poeta necesitará de toda su fe, toda su fortaleza sobrehumana, porque se convierte en el enfermo grave, el célebre criminal, el gran maldito y el sabio supremo]. Más tarde. al volver la vista sobre los errores de aquella época de febril búsqueda, exclamaría: [¡Ah! Yo que me intitulé mago o ángel, exento de toda moral, me veo devuelto al suelo...].

Rimbaud, que soñó convertirse en "le supreme savant" (sabio supremo), alejado de la escritura devino primero en vagabundo y después en comerciante de la costa de Somalia y Etiopía, implicado en la venta de esclavos y en el tráfico de armas.

Cuando murió a los 37 años seguía siendo desconocido para sus contemporáneos, excepto para la vanguardia. El reconocimiento unánime llegó sólo después. Su salvaje rebelión (inspiradora de muchos otros), su descomunal obra y su espeluznante vida fueron objeto de estudio de varios biógrafos. Y fuente de devoción para sus acólitos.

....

Mémoire (Recuerdo - extracto). Este poema evoca recuerdos de infancia y su gran fuerza estriba en la fuerza de sus imágenes, como un cuadro impresionista.
// El agua clara; como la sal de las lágrimas infantiles, / el asalto al sol de las blancuras de los cuerpos femeninos; / la seda, en tropel y de lirio puro, de las oriflamas / bajo los muros que resguardaron a alguna doncella //

jueves, octubre 14, 2004

Despecho

Hay olores que no olvido. El perfume que alguien dejó en mi casaca negra, una madrugada que ya olvidé. El del océano, con marea alta. El de la arena mojada, con las pequeñas huellas de pies perfectos, dibujadas. El del muelle, cuando dijo no. El de la cerveza en su boca, después de que dijo sí. El del jabón de hotel, dos horas más tarde. El olor de la humedad. El de la niebla. El del lápiz labial, sabor a consuelo. El del vino tinto. El de la gasolina, cada vez más cara. El olor del éxito. El del sudor. El de mi almohada. El de un libro viejo. El olor del desprecio. El de mi viejo, cansado, leyendo la página de empleos. El olor de la angustia. El de la derrota. El olor de la luna, llena y contenta. El olor de los sueños. El de la gente tropezándose en la calle oscura. Mi olor, a tierra mojada. El de la sangre. El del café, alborotado en mi taza blanca. El de su aliento, negándose a vernos más tarde. El de su voz cortada, pidiendo perdón. El de mi orgullo, negándoselo. El del asfalto, incendiado a las doce del medio día, cualquier día de febrero. El del cigarro. El del viejo tornamesa, con la madera apolillada. El olor de mis fantasías. El de mis temores. El de la casualidad. El del destino. Pero sobre todo, el olor de su cuello, en noche de despededida, garúa y viento ligero, bajo luces de aeropuerto. Aquél, sin duda, es el más feroz.

(tenía 17 años, y según yo andaba enamorado... ya ven)

miércoles, octubre 13, 2004

Venganza

"Una jarra" le pido al mozo. Ya sé lo que se viene. Al frente, pintadita, como quien se arregla para decir hasta aquí nomás y que te pille el tren, la Tipa (así, con T mayúscula). Ojos de aceituna verde, pelo rubio largo que deja caer sobre una huesuda espalda y manos pequeñas con cinco anillos ridículos que le bailan en los dedos. "Puta madre, la cagué", dice mientras coge un Montana de la cajetilla que dejé encima de la mesa. Lanza un par de pitadas y lo apaga. Eso me jode un huevo pero no digo nada. Son las once de la noche de un lunes, buen momento para mandar todo a la mierda. Pero que sea rápido. "No debió pasar, no debió pasar", se recrimina ella misma y me mira, de reojo. Luego, apura el concho de chela que quedaba en su vaso y se larga, dejándome un billete de diez soles en la mesa. “Paga con esto”, dice. Era falso.

(escrito en el 2001)

Me la encontré este fin de semana en un bar. Había ido con un tipo. Me acerqué y le extendí el mismo billete. “Lo que te debo”, le dije. Amor con amor se paga, carajo.

(escrito ayer)

Bienvenidos a la niebla...