viernes, enero 21, 2005

La puntita nomás

Putas madres las del convento pues no le dejaron ver a la monjita, sotana blanca y muslos de leche, que se quería tirar a un ladito del confesionario, bajo la santísima sombra proyectada por aquella enorme cruz de madera, capaz de ocultar los más flagrantes pecados. El sexo a la vista de Dios debiera ser emocionante.

Amanecí hereje. Desde hoy, me declaro marxista.

Y tú, límpiate de entusiasmos los ojos, como Martín Adán.