La puntita nomás
Putas madres las del convento pues no le dejaron ver a la monjita, sotana blanca y muslos de leche, que se quería tirar a un ladito del confesionario, bajo la santísima sombra proyectada por aquella enorme cruz de madera, capaz de ocultar los más flagrantes pecados. El sexo a la vista de Dios debiera ser emocionante.
Amanecí hereje. Desde hoy, me declaro marxista.
Y tú, límpiate de entusiasmos los ojos, como Martín Adán.

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