la sobresosis se la llevó ayer
les juro que era buena chica, aunque con poco apego a la vida...
Putas madres las del convento pues no le dejaron ver a la monjita, sotana blanca y muslos de leche, que se quería tirar a un ladito del confesionario, bajo la santísima sombra proyectada por aquella enorme cruz de madera, capaz de ocultar los más flagrantes pecados. El sexo a la vista de Dios debiera ser emocionante.
Amanecí hereje. Desde hoy, me declaro marxista.
Y tú, límpiate de entusiasmos los ojos, como Martín Adán.
En un país donde la longevidad no es rasgo común, cien años suenan a eternidad. Sobre la esquina de Rastro de San Francisco y Calle de Pescadería, estratégicamente ubicado al lado de Palacio de Gobierno, el Bar Cordano todavía existe y persiste.
Fue en 1905 cuando los italianos Virgilio Boitano y los hermanos Luis y Antonio Cordano lo fundaron. El tradicional restaurante no se llamaba por entonces como lo conocemos ahora. Más bien, llevaba un nombre con reminiscencias del viejo oeste: Saloon América. El cambio fue posterior, nadie recuerda cuándo.
El jueves 13 de enero el Cordano cumplió una centuria a lo largo de la cual fue ganando reputación de vieja gloria de la bohemia limeña. En el mundo pasó de todo, y en el Perú también: Leguía y su oncenio, la fundación del Apra, la construcción del Estadio Nacional por orden de Odría, el golpe de Estado de Velasco, el triunfo sobre Escocia por 3 a 1 con goles de Cubillas, Sendero, Alan García, Fujimori y Toledo. Y el Cordano, inquebrantable, sirviendo cervezas heladas, choritos a la chalaca y sándwiches de jamón norteño con cebolla.
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Es que (casi) todos los presidentes atravesaron el umbral del Cordano. Alan García pasaba regularmente a servirse un tacu tacu con bistec apanado. Fujimori, en cambio, apenas se tomó una gaseosa helada. No solamente políticos, también artistas e intelectuales hallaron en ese rincón a un estupendo centro de operaciones. Humareda se declaró fanático del sancochado, Martín Adán pedía una cerveza negra antes de escribir en las servilletas y Chabuca Granda cenó en incontables oportunidades. Aún así todavía existe lugar para las leyendas, como aquella que ubica al Che Guevara sentado en una mesa, descansando de sus esfuerzos revolucionarios.
“Yo he visto pasar por acá a medio mundo. Tengo más de 50 años en el mismo lugar y sé de lo que hablo”. Luis Cerna es el mozo más antiguo del Cordano. Vestido con una arrugada camisa blanca, corbata michi y un lapicero novo en la oreja izquierda, es el notario que certifica todas las historias que se tejen alrededor del viejo bar. “Acá, ha habido de todo”. Literalmente, de todo. Hasta muertes, como la del jefe de la estación ferroviaria vecina –en tiempos en que no andaba tan desamparada como su nombre–, quien celebrando su cumpleaños a punta de vasos de whisky cayó fulminado por un paro cardíaco, luego de proponer un irónico brindis a su salud.
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Cuando los Cordano se retiraron del negocio se lo dejaron a sus hijos, pero estos, más preocupados por sus futuros profesionales, se lo vendieron a los trabajadores. Ellos lo administran.
“El negocio anduvo muy malo hace algunos años, pero poco a poco nos hemos ido recuperando”. Jacinto López, gerente y cajero, percibe con optimismo lo que puede venir de ahora en adelante. El bar, considerado como monumento histórico por el Instituto Nacional de Cultura (INC), ha sido parcialmente reparado (iniciativa del alcalde Luis Castañeda) y ellos, los 16 socios, tienen muchas ganas de seguir la lucha.
“Aunque dudo que el bar aguante cien años más. Para empezar, habría que fortalecer todo el inmueble”, refiere. En efecto, el Cordano ocupa el primer piso de un edificio que en sus dos plantas de arriba acogió al desaparecido Hotel Comercio, y la estructura ha sido severamente atacada por la humedad. “Ojalá que se pueda hacer algo más adelante, porque sino se corre el riesgo de que todo se venga abajo”. Indeseable eventualidad que debería evitarse por todos los medios posibles. Pues el Cordano, con su terco empeño por la vida, no merece que lo maten.
Rossana deambula por la línea fronteriza que divide a la coherencia del caos. Habla lentamente como si se tomara su tiempo para encontrar la frase correcta, la expresión que describa con precisión lo que asalta su cabeza en ese momento. Letras, sílabas, palabras, oraciones. “De joven, en el colegio, siempre decían no se junten con la fea, con la tonta… siempre… y no se juntaban conmigo”.
Desprovista de afecto, presentó su capitulación a la vida y se encerró entre las cuatro paredes de su casa para dedicarse a barrer, planchar, tender camas y cocinar. Y en algún momento, no recuerda cuándo, ellos aparecieron. Ellos, los chicos que la despreciaron, los amigos que la marginaron. Solamente Cecilia la comprendía, la defendía y le llevaba chocolates para comérselos juntas, mientras disfrutaban alguna película por la televisión. Cecilia. “Ella sí era real… real”.
…
En tiempos de cruentos asesinatos con martillos (el síndrome Clímaco lo han llamado algunos) la esquizofrenia se ha puesto, por decirlo de alguna manera, de moda. Pero no todos los esquizofrénicos son peligrosos. Rossana no lo es. Se le ve muy tranquila ahí sentada y bordando lo que parece ser un pequeño mantel, siempre bajo la mirada atenta de Marielena Pinedo, doctora encargada de la Unidad de Rehabilitación de Salud Mental para pacientes esquizofrénicos del hospital Rebagliati.
Pinedo explica que la esquizofrenia es una enfermedad que dura toda la vida, que puede ser heredada y que se manifiesta, la mayoría de las veces, en la juventud.
“Estudiaba turismo en la San Martín y también jugaba vóley con mis amigos Coco Patiño y Polo Noche. Yo era delantero, muy bueno. Una vez recibí un golpe en la cabeza y nunca más volví a ir a fiestas, a tomarme un trago”.
Dante aparece de pronto para conversar y es difícil reconocer cuándo dice la verdad y cuándo lo que narra es producto de su enfermedad, que lo obliga a seguir un tratamiento desde hace dos años. El cree a veces que no está loco, que lo suyo son simples "traumas”. Uno de ellos lleva nombre propio: David Almeyda.
¿Carne y hueso o un fantasma apenas deliniado en el éter de su mente? David Almeyda, sí. Un sujeto muy malo que lo sometía a maltrato psicológico y le lanzaba apelativos tan denigrantes como ‘japonesita loca’. ‘chinita chifera’ o ‘la paquita peruana’.
“A veces me acuerdo de él”. Dante prende su Hamilton y empieza a fumar con fruición. “Pero ya no le hago caso. La doctora me ha prohibido vóley y maricones”.
…
En la esquizofrenia se identifican dos grupos de síntomas. Los que tienen que ver directamente con notorios trastornos de conducta, como escuchar voces, tener alucinaciones o sufrir delirio de persecución. Y aquellos que se denominan “negativos”, cuando se ve a la persona lenta, ida,y desganada; indolente, afectivamente sin vibración.
Para combatir los primeros existen medicamentos. Para enfrentar los segundos se incide muchísimo en las terapias de rehabilitación. La idea es ayudar a los pacientes a reinsertarse poco a poco, trabajo harto difícil y que exige enorme paciencia; no solo de los médicos y familiares, también de los enfermos.
Paciencia como la de Alberto, que sigue tratamiento psiquiátrico desde 1989. Trabajaba “en una empresa ligada al Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas” como dibujante de planos. Un buen día, aprovechando su cercanía con el alto mando, se enteró de un lío muy gordo y desde entonces sufrió el acoso de volkswagens verdes modelo escarabajo, posiblemente de la extinta Policía de Investigaciones (PIP). O al menos eso cree.
“Veía esos carros verdes en todos lados. A veces salía del hospital, de mi terapia, y salían en mancha del estacionamiento. Me seguían a donde fuera”. Alberto se sienta al lado, demostrando notorio interés en los apuntes que voy tomando. “Temía que me hicieran daño”.
Su caso es el típico de alguien que sufre delirio de persecución. La terapia, asegura, lo ha ayudado. Lo que hasta el momento le ha sido imposible solucionar es su excesiva timidez cuando habla con chicas. Tiembla como gelatina.
…
Lo primero que se debe lograr con los esquizofrénicos es que asuman verdadera conciencia de su problema. “Nadie lo hace. Siempre creen que el loco es el psiquiatra, la madre, la hermana, el cuñado, quien sea”. Pinedo le da el último toque a una carterita hecha por un paciente. Ese tipo de manualidades forma parte de la terapia. Además, luego son vendidas, lo que genera un pequeño ingreso para la unidad de rehabilitación.
Al otro extremo, sin hablar con nadie y la cabeza gacha, a José se le ve muy concentrado en el portadocumentos que le ha tocado armar. Es el menos comunicativo de todos y en su rostro no se dibujan expresiones. Parece incapaz de demostrar afectos, o de recibirlos. “Autismo”. El diagnóstico me sorprende como un susurro en el oído derecho. Es una mujer de unos 40 años, de sonrisa transparente. “Chao”. Y se va, antes de poder preguntarle su nombre. En la puerta de salida, Rossana me vuelve a hablar sobre Cecilia, su amiga, la de los chocolates. “También me regalaba aretes. Es la única, la única que me comprendía”.
Un arcoiris de color
asi entendias tú el amor,
todo brillaba bajo el sol
hasta que un lunes se nubló.
Después un avioncito de papel
se destrozó contra el mantel,
lo cogí, leí tu adiós escrito en él.
No quise ser tu dueño
solo vigilar tus sueños,
ser el guardián de tu sonrisa
pero tú tenias prisa.
Y poco a poco te cansabas,
hasta cambió el color de tu mirada,
entonces supe que todo quedó en nada.
Un mes de mayo, un mes de abril
no sé qué tren fue el que perdí,
no te supe hacer feliz,
pero estas cosas son así.
Luego llegó la despedida,
te pregunté por qué me dejas
y ella me contestó: por tu tristeza.
(Enrique Urquijo)
El señor de los paréntesis es el líder de Los Secretos, para mi gusto (y el de miles) la mejor banda de rock que ha parido España. El genial Enrique murió en 1999, pero el grupo sigue trepando escenarios liderado por Álvaro Urquijo, hermano de Enrique. Tu Tristeza, preciosa canción de apenas tres minutos, aparece en el disco Grandes Exitos Volumen II. La discografía de Los Secretos puede ser hallada en Galerías Brasil. En otras tiendas (las que venden discos originales) es inubicable. Si pueden, cómprense un disco. Solamente 10 soles. Vale la pena.
De nada.